Retratos que no regresan del “desierto de lo real”

Por Isdanny Morales Sosa

(…) el «gran Otro» tira de los hilos, mientras que 

el sujeto es una expresión del orden simbólico.

Slavoj Žižek 

Engendrado entre los siglos V y IV en el pensamiento platónico daba cuenta del artificio que significa la realidad cognoscible a través de los sentidos. A raíz de esta tesis su pensamiento colocó en un espacio trascendente una supuesta realidad Verdadera, perfecta y universal, todo lo cual pareció dar inicio desde el pensamiento filosófico a los sistemas metafísicos del mundo occidental. Esta concepción platónica, extirpada o no de su trascendentalismo, ha sido retomada en diferentes momentos de nuestra historia. El esloveno Slavoj Žižek amparado en la teoría lacaniana considera que la realidad no es más que una construcción simbólica, ante la cual nos distanciamos del “desierto de lo real”.

La obra de los artistas cubanos Sandra Naranjo y Emmanuel Díaz justamente también parece remitirse a esta problemática. El género mayormente cultivado por su carrera en conjunto es el del retrato, en específico, el rostro humano. Casi todas sus piezas se construyen en base a dos estructuras o realidades. En principio, la más llamativa es la de estos rostros realizados con un meticuloso oficio y mayormente en lenguaje hiperrealista. Los “representados” pueden ser desde hermosas jóvenes que dejan ver la lozanía y sensualidad de su físico hasta ancianos que llevan en su rostro la huella de la muerte. Tras esta primera mirada, desde la imagen se descubre que las estructuras de los rostros se construyen minuciosamente a partir de otras diminutas figuras: unas veces, aves de rapiña; otras, piezas mecánicas. 

Sus obras entonces en guiño gestaltiano se articulan en buena medida a partir de ilusiones ópticas nada azarosas. Tanto detrás de las bellas estampas de las muchachas como de las figuras carcomidas de los longevos se esconden sentimientos comunes: la neurosis, la fantasía, la podredumbre o la simulación. La obra de estos jóvenes creadores busca también problematizar sobre ese “desierto de lo real” y nuestro consecuente distanciamiento. En no pocas ocasiones las imágenes o actitudes que se nos presentan como ciertas o reales no son más que una construcción, producción o proyección simbólica, aún más en una constelación como la nuestra atravesada por una estetización de la vida cotidiana. 

El hombre muchas veces inconscientemente interpreta un papel, simula ideologías o sentimientos para ajustarse a las exigencias del tejido social. En consecuencia la utilización del retrato como medio expresivo tampoco es casual. Su interés es presentar este fenómeno no en clave colectiva o experiencia macro, sino anclarlo a la subjetividad y la psicología individual. La simulación y la construcción de realidades múltiples comienzan desde el propio sujeto, desde su intimidad, lo cual ha sido uno de los grandes temas de debate filosófico de todos los tiempos y al que nos pone en conocimiento y reflexión desde las artes visuales estos artistas.